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Apuntes sobre la guerra social en Irlanda

Sindicato del Metal de Madrid - 03/10/2014

Traducimos los siguientes apuntes que nos envía el compañero anarcosindicalista de Irlanda Craig Plunkett sobre la lucha de clases en ese país, esperando que estas experiencias puedan resultarnos de utilidad.

Ha habido una cierta tendencia recientemente en los conflictos laborales en Irlanda: la gente está empezando a darse cuenta de que es posible ganar. El sentimiento antigubernamental está en boca de mucha gente y, a juzgar por los acontecimientos de los últimos años, la necesidad de acción parece estar aumentando. Hace poco tuvo lugar la huelga de Paris Bakery, donde los trabajadores fueron a la huelga para reclamar los salarios que sus jefes se negaban a pagarles escudándose en los malos resultados del negocio. La huelga salvaje mantuvo cerrada la panadería de forma indefinida y obtuvo una gran visibilidad gracias al uso de Twitter. Los trabajadores lograron rápidamente el pago de los salarios adeudados, que en total sumaban más de 100.000 €. Con demasiada frecuencia, se espera que la gente trabajadora acepte la fría, intransigente lógica de la clase propietaria. ¿Se supone que debemos preocuparnos por sus pérdidas? Puesto que los trabajadores fueron pagados al final, queda claro que no era una cuestión de que "no podían", sino de que "no querían".
Al mismo tiempo ha habido una campaña propagandística muy agresiva y machacona en favor de la tasa sobre el agua que va a ser implantada el año que viene en la República de Irlanda. Los medios de comunicación repiten hasta la náusea que la implantación de una tasa sobre el agua es necesaria porque la población deja correr el agua continuamente cuando no la está utilizando. Ésta es la forma en que el debate ha sido planteado desde el comienzo, obligando a los que se oponen a esta medida a discutir tal sinsentido con los oportunistas que apoyan cínicamente la campaña. Cada vez resulta más común que en todo el mundo el Estado coquetee con la conciencia ambiental para explotar en su propio beneficio la preocupación de la población hacia los problemas ambientales reales. La tasa sobre el agua va a suponer 200 euros más en las facturas que miles de familias de clase trabajadora ya están teniendo dificultades para pagar. Cualquier intento de oponerse a pagar va a ser contrarrestado por el Estado utilizando las oficinas de la Seguridad Social para obtener tu número de la Seguridad Social y quitarte el dinero directamente de las prestaciones sociales. Esta nueva tasa pública representa un intento particularmente ambicioso de diezmar económicamente a amplios sectores de la población irlandesa de clase trabajadora. Hemos visto imágenes de la policía (Garda) rodeando a los trabajadores del agua mientras instalaban los nuevos contadores de agua, que se envían en generosas cantidades con el fin de poner en práctica la especulación privada, como de costumbre.
Conviene ver todo esto como un experimento de laboratorio en el contexto más amplio de la guerra de clases. Podemos esperar que se tomen las mismas medidas en todos los demás países europeos uno detrás del otro. Salvo que nuestra resistencia triunfe, claro. Hay un animado movimiento de oposición a la tasa sobre el agua aquí en Irlanda, compuesto mayormente por activistas de mediana edad "respetables" y bien considerados. Preveo que el movimiento amplíe tanto su composición como sus tácticas el año que viene, una vez que se hagan patentes todos los efectos y la criminalidad de la tasa sobre el agua. Las protestas tienen respaldo popular, pero de momento sus tácticas no parecen haber ido más allá de las manifestaciones legales, cosa que deberían si se quiere construir algún movimiento sustancial y real en vez de producir otro dócil y simbólico fantasma de sentimiento izquierdista posando como nuestro "zeitgeist".
En el movimiento obrero, ha habido acciones de alta calidad por parte de trabajadores envueltos en conflictos sindicalizados, a pesar del comportamiento bastante indeciso, vacilante y manso de las estructuras del sindicalismo oficial propiamente dichas. El caso más inspirador es el de la empresa de recogida de basura Greyhound, cuyos trabajadores sufren actualmente un Expediente de Regulación de Empleo. La respuesta de los trabajadores ha sido hacer piquetes en dos plantas de Greyhound en la ciudad de Dublín. La compañía ha resuelto rápidamente utilizar esquiroles, pero lo que no se esperaba es que los propios residentes de Stoneybatter y Cabra bloquearan los camiones de basura.
El 21 de julio, estos residentes repartieron más de 1.500 panfletos a sus vecinos explicándoles que los trabajadores de Greyhound estaban en huelga debido a un recorte salarial del 35%, y animándoles también a salir a la calle por la mañana para bloquear los camiones que transportaban a los esquiroles. Por supuesto, esta solidaridad ha sido recibida con violencia, habiendo resultado atropellado un miembro del piquete por un coche en la entrada de la empresa. El sindicato (SITPU) ha apoyado a los huelguistas con 10.000 €, pero también ha mostrado su verdadero rostro al insistir en que su intención no es que los clientes cambien a otro proveedor de servicios.
Parece que allí donde los sindicatos oficiales están envueltos, una participación activa de los habitantes es absolutamente necesaria para dotar al conflicto de un elemento de resistencia incontrolable y fuera de la influencia de los sindicatos. Podemos hacer uso de esos sindicatos hasta el momento en que se descuelgan de los objetivos de los propios trabajadores. Estas comunidades estaban preparadas y listas para llevar a cabo acciones espontáneas porque los vecinos se sienten relacionados los unos con los otros al haber construido una historia en común en anteriores luchas locales, y esto explica que fueran capaces de extender su iniciativa a un conflicto laboral. ¿Qué pueden aprovechar los compañeros españoles de este ejemplo? Quizá debamos considerar más atentamente el papel que puede jugar el vínculo de vecindad en la actividad sindical. Es posible trasladarlo al ámbito laboral proporcionando argumentos concretos sobre por qué los vecinos deben extender su comprensión de la comunidad más allá de sus amigos y su familia inmediata, señalando los agresivos procesos reales del capital facilitados por la violencia del Estado. El impulso de solidarizarse está ya presente, pero hay una barrera mental que nos impide sentir a nuestros vecinos como compañeros de trabajo con los que tenemos intereses en común. Siendo realistas, la costumbre de limitarnos a repartir panfletos no es suficiente para esto; habrá que mantener conversaciones cara a cara con la gente con el fin de descubrir formas de solidarizarnos entre nosotros y de hablar acerca de cómo actuar para resolver nuestras necesidades. La población no puede permitirse seguir creyendo en una eventual salvación desde el cielo, sean cuales sean las promesas bajo las cuales se vista. Debemos comenzar de una vez a organizar una vida colectiva en la que merezca la pena vivir y seguir adelante.

Texto incluído en el nº 3 de Fragua Social.

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