CNT Metal

Sindicato del Metal, Minería y Química
Federación Local de Sindicatos de Madrid
CNT-AIT

Plaza de Tirso de Molina, 5. 6º dech. 28012. | Tlf: 917046054 | Fax: 911413530 | metal@madrid.cnt-ait.es

Secciones Sindicales:

Enlaces Confederales:

Campañas:

El anarcosindicalismo frente al sector químico

Sindicato del Metal de Madrid - 03/10/2014

El sector químico comprende decenas de industrias distintas, entre las que destacan la farmacéutica, la dermocosmética, la petroquímica, la del plástico y la de los fertilizantes. No vamos a detenernos a analizar cada uno de estos subsectores, sino que vamos a ver cuáles son las problemáticas que compartimos los trabajadores de este ramo independientemente de nuestra ocupación concreta y qué perspectivas tenemos por delante tanto para mejorar nuestras condiciones laborales como para transformar la incidencia que nuestro trabajo tiene sobre áreas tan importantes como la sanidad, la alimentación, la energía y la producción industrial, en las que muy a menudo las industrias químicas juegan un papel perjudicial para los intereses de la clase trabajadora, al contaminar nuestra tierra y especular con nuestra salud.

1. El sector químico: un sector en auge
Hablar del sector químico es hablar de un sector estratégico y en plena expansión, cuya importancia en España sólo es superada por las industrias alimentaria y metalúrgica. Según la Federación Empresarial de la Industria Química Española, en 2013 el sector químico representaba el 11% de nuestro PIB, era el segundo mayor sector exportador del país, con ventas superiores a los 30.000 millones de euros en mercados internacionales, sostenía 500.000 empleos directos, indirectos e inducidos y acumulaba el 24% de todas las inversiones en I+D+i. Estas cifras son mejores que las del año anterior, con respecto al cual su cifra de negocio aumentó un 0,3%.
Al contrario que la minería y el metal, duramente castigados por la crisis, la industria química muestra una buena salud. Pese a que este ramo ha mandado a la calle al 5% de sus trabajadores entre 2000 y 2013, la recuperación de empleo en él está siendo mucho mayor que en otros sectores y sólo en 2013 el número de personas empleadas en él aumentó un 1,1%. Esto se debe sobre todo al auge de la biotecnología, ligada al desarrollo de la oncología, la neurociencia, las denominadas terapias avanzadas y los transgénicos.
Basándonos en los informes de la Asociación Española de Bioempresas y la European Federation of Pharmaceutical Industries and Associations, las compañías biofarmacéuticas están creciendo en la UE, con más de 2.700.000 empleos directos e indirectos. En España, las empresas usuarias de biotecnología y las biotech en 2012 ascendían a más 3.000 y producían el 7,8% de nuestro PIB, lo que supone un 9% más que en 2011 y un 65% del PIB total de la industria química.

2. ¿Empleo de calidad?
Una de las consignas propagandísticas más utilizada por la industria biofarmacéutica para lavar su imagen pública es que crea empleo de calidad. Sin embargo, lo primero que nos llama la atención cuando analizamos los datos proporcionados por la propia patronal es que sólo el 35% de los trabajadores del ramo tienen contrato directo con una biotech. Esto nos dibuja un panorama laboral dominado por la externalización de servicios, la subcontratación y la cesión ilegal de trabajadores, con la consiguiente pérdida de derechos que todos conocemos. Cuando pensamos en un trabajador de la industria farmacéutica, nos viene a la cabeza el típico comercial vestido de Armani dorándole la píldora a nuestro médico de cabecera para que prescriba sus medicamentos en lugar de los de la competencia, pero quizá deberíamos tener en mente otros perfiles más ajustados a la realidad. La joven investigadora a quien la beca o el contrato de prácticas no le da para irse de casa de sus padres y que encima debe dar las gracias por no estar currando gratis, como muchas de sus compañeras de la Facultad. El informático subcontratado obligado a afrontar jornadas agotadoras por un sueldo varias veces inferior al de sus compañeros. El operario que se pasa el día entre palés cruzando los dedos para no sufrir un accidente laboral. O el repartidor que obra milagros con la furgoneta para cumplir con las rutas imposibles que le asigna la empresa de mensajería.
El personal de las compañías químicas está formado mayoritariamente por los directivos, los cargos intermedios y la red de ventas. Una gran cantidad de procesos esenciales para su actividad son delegados en CRO (Contract Research Organisations), operadores logísticos, ETT y consultorías informáticas, que proporcionan la mayor parte de la fuerza de trabajo de estas empresas. Cubrir puestos permanentes e imprescindibles (recepcionista, informático, atención al cliente, assistant, monitor de ensayo clínico, investigador, operario de almacén, etc.) con trabajadores temporales, falsos autónomos y trabajadores cedidos ilegalmente es una práctica tan abusiva como habitual en estas empresas, que encuentran en tales fórmulas el medio perfecto para reducir costes de personal, dividirnos y prevenir conflictos laborales.
No hay que perder de vista que gran parte de la industria química española está enfocada a la exportación de bajo coste, que se basa en bajos niveles salariales y de protección laboral. De hecho, el gobierno ha asumido completamente que el principal activo económico de España junto al turismo es la exportación, y su política en materia de trabajo se está limitando a reducir todavía más los costes laborales para hacer que a las multinacionales les resulte cada vez más rentable radicar aquí parte de su actividad. En este contexto, la subcontratación juega un papel fundamental.
Pero, además, la subcontratación fomenta la división del personal. Si ya es difícil que un trabajador se sienta concernido por los problemas de otro trabajador de su propia empresa, imaginémonos cómo se complica la situación cuando en la misma empresa hay empleados de seis o siete proveedores diferentes. De este modo los directivos se aseguran una menor resistencia por nuestra parte a la hora de imponernos las condiciones laborales que ellos desean y canalizan nuestras aspiraciones laborales de forma individual o, a lo sumo, por medio de reducidos colectivos corporativos fácilmente controlables.
En las empresas biotech, principalmente de capital americano, domina el conocido como "nuevo management", un conjunto de instrumentos de gestión de la fuerza de trabajo orientados a implicar a los trabajadores en la mejora de la productividad y en romper sus vínculos de solidaridad. Una de las medidas que implica es la sujeción de los salarios a objetivos, cuyo cumplimiento se revisa periódicamente. Desde el momento en el que se produce esta individualización del salario, el trabajador pierde la percepción de que sus intereses sean los mismos que los de sus compañeros y de que luchando conjuntamente con ellos pueda lograr una mejora de su calidad de vida; por el contrario, éstos son vistos como competidores y cualquier tipo de movilización en el centro de trabajo es vista como una amenaza que puede poner en peligro el cumplimiento de sus objetivos.
Esta problemática afecta principalmente a los empleados de las oficinas. En los almacenes, la principal baza de los patrones sigue siendo asustar a los trabajadores con la pérdida de clientes y, por lo tanto, de trabajo, si no aceptan reducciones salariales y cambios de jornada. Ciertamente, las empresas químicas son corresponsables de esta situación, ya que están constantemente buscando el operador logístico más competitivo sin importarles lo más mínimo el grado de explotación de sus empleados, pero no debemos interiorizar la lógica de nuestros jefes. ¿Por qué un ajuste de presupuesto ha de traducirse sistemáticamente en un ajuste de la fuerza de trabajo? ¿Acaso no se puede recortar en los salarios de la dirección o en los márgenes de beneficio de los socios? ¿No sería posible que nos organizáramos con el resto de trabajadores del sector para que en ningún almacén se trabajase por debajo de unos mínimos y, así, las empresas químicas se vieran obligadas a aumentar el presupuesto que dedican a contratar sus operadores logísticos? Mientras no empecemos a plantearnos y responder seriamente ese tipo de cuestiones, seguiremos sometidos al chantaje de la patronal, además de expuestos a accidentes laborales, que no son otra cosa que la consecuencia directa de que no tomen en consideración nuestras necesidades.


3. Secciones Sindicales y Sindicatos de Ramo: la propuesta del anarcosindicalismo
Tanto en las oficinas como en los almacenes, los trabajadores del sector químico debemos aprovechar que el nuestro es un sector en expansión para perder el miedo y plantear reivindicaciones valientes contra la temporalidad, la cesión ilegal, la subcontratación, la sujeción del salario a la productividad, las reducciones salariales, los cambios de jornada, los accidentes laborales y las horas extras, entre otros. Palabras como "junta de accionistas", "comité de dirección" o "directora de recursos humanos" ocultan personas con nombres y apellidos con intereses opuestos a los nuestros y con miedo a que nos organicemos y luchemos. Todos los obstáculos que hemos descrito demuestran que la patronal es muy consciente de todo lo que puede perder si herramientas como el boicot, la huelga y sabotaje vuelven a interponerse en la producción.
La Sección Sindical de CNT-AIT en Berlimed, subcontrata de Bayer, nos proporciona un ejemplo reciente de lucha en el sector químico en el que la ampliación de jornada y la falta de prevención de riesgos laborales han sido los principales caballos de batalla. Gracias al intenso trabajo informativo desarrollado por esta Sección, se logró convencer a la mayoría de la plantilla para que votara en contra de la ampliación de jornada que pretendía imponer la junta directiva, pero como no podía ser de otra manera la empresa reaccionó coaccionando a los trabajadores, amenazando al delegado anarcosindicalista y repitiendo la votación hasta que salió el resultado que le interesaba. Este tipo de actitudes, más propias de la época en que la Federación Patronal Barcelonesa pagaba a pistoleros para deshacerse de los sindicalistas que de una empresa que nos vende "planes de responsabilidad social corporativa, deberían bastar para desacreditar la propaganda de la industria biofarmacéutica y concienciarnos sobre la necesidad de estar organizados para hacerles frente.
No hay nada que asuste más a las elites que la autoorganización de aquellos a los que explota, y por eso trata de integrar toda forma de asociacionismo dentro de la estructura de Estado, especialmente los sindicatos, a los que tiene controlados por medio de los liberados sindicales, los comités de empresa y las subvenciones. Es por ello que debemos situarnos al margen de ese tipo de figuras. En lugar de ello, creando Secciones Sindicales en nuestras empresas y uniéndonos con otros trabajadores de nuestro sector mediante Sindicatos de Ramo, aseguramos que los conflictos laborales siempre los decidamos nosotros (asamblearismo), que se desarrollen sin intermediarios con intereses ajenos a los nuestros (acción directa) y que cuenten con el apoyo de compañeros de otras empresas (solidaridad), asentando de esa forma las bases para una transformación no sólo de nuestras condiciones de trabajo concretas sino de todo nuestro ramo de producción y, más adelante, de la sociedad.

4. Industria química y sociedad: más allá de las reivindicaciones laborales
Llegados a este punto, debemos preguntarnos si el trabajo que llevamos a cabo diariamente incide de la manera que desearíamos en nuestra comunidad. La química es una ciencia que encierra un potencial enorme para mejorar la vida humana y el entorno en el que ésta se desenvuelve, pero vemos cómo a menudo está dirigida a actividades menos idílicas. Si la ciencia ficción de los años ochenta y noventa se preocupó por el peso de la revolución informática en la vida cotidiana (ciberpunk y post-ciberpunk), la ciencia ficción actual se preocupa por cuestiones como el alcance de la manipulación genética (biopunk), ilustrando con ello cómo la importancia social de la química y la biología ha ido en aumento en las últimas dos décadas, constituyendo hoy un tema que preocupa a científicos, escritores, periodistas, ecologistas, etc.
Con frecuencia, los defensores del actual modelo de industria química argumentan que sin inversión privada no habría investigación, pero es precisamente la privatización de la plusvalía lo que hace que apenas exista investigación pública fuera de la investigación militar. La investigación privada no es la consecuencia, sino la causa de que haya poca investigación pública civil. ¿Cuántos científicos no preferirían investigar fuera de estas empresas si se les diera la oportunidad? Por otra parte, el hecho de que la empresa que financia la investigación tenga intereses en los resultados de la misma (por ejemplo, que se aprueben nuevas indicaciones para un principio activo ya comercializado) cuestiona la independencia de la misma y se traduce en el retraso de innovaciones científicas y el mantenimiento de terapias dañinas, entre otras cosas.
Quizá los terrenos donde más se ha cuestionado a la industria química son el agrícola y ganadero, donde se le acusa de envenenar nuestra tierra y nuestros alimentos, y el sanitario, donde se le acusa de mercantilizar nuestra salud. No vamos a extendernos sobre cada uno de los casos que sustentan esa mala prensa (cultivo de alimentos transgénicos, uso de pesticidas carcinógenos, especulación con patentes, creación del lobby anti-genéricos, etc.), pero sí quisiéramos que los trabajadores que nos leen mirasen más allá de sus intereses materiales inmediatos y reflexionasen colectivamente sobre cómo la lógica del capitalismo pervierte su esfuerzo. Como personas involucradas en la industria química, tenemos una especial responsabilidad en nuestro trabajo, que no podemos perder de vista a la hora de plantear reivindicaciones laborales. Desde CNT-AIT pensamos que nuestra lucha debe ir encaminada tanto a proporcionarnos unas mejores condiciones de trabajo como a proporcionar a la sociedad una industria química autogestionada que pueda por fin orientarse al bienestar del ser humano y el planeta.

Texto incluído en el nº 3 de Fragua Social.

Más noticias

Donde encontrarnos:

Sindicatos de la CNTCórdobaAsturiasBizkaiaSoriaValenciaHuescaTeruelZaragozaBurgosJaénBarcelonaMadridBadajozGranadaCáceresCantabriaBalearsTarragonaLeónNavarraLleidaValladolidSalamancaLa_RiojaOurenseMálagaPalenciaCastellónHuelvaAlmeríaA_CoruñaCiudad_RealCádizPontevedraAlavaBalearsZamoraGipuzkoaSegoviaLugoSevillaCanariasMurciaAvilaGuadalajaraAlbaceteMenorcaAlicanteBalearsBalearsGironaCuencaToledo
Directorio de sindicatos

Periódico cnt:
Agosto - Septiembre 20111

El periódico de la cnt

Periódico cnt

Noticias CNT Madrid:

Web CNT Madrid