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Explotación infantil en el franquismo

Sindicato del Metal de Madrid - 28/04/2015

Bien, en primer lugar me voy a presentar, hay muchos/as compañeros/as que me conocen, me llamo Luque, militante del Sindicato del Metal de la CNT desde 1977, nacido en una aldeilla llamada Estación de Archidona, a 7 km de la estación de Renfe. Aquí estuve hasta los 14 años. Nunca fui al colegio, pues con 6 años tenía que cuidar del ganado de mis abuelos, cabras, mulos, cerdos y conejos. Sólo tenía que buscarles hierba. Mis abuelos me recogieron con 4 años, a mi y a mis hermanos que éramos cuatro, dos chicos y dos chicas. Yo era el pequeño. Mis padres murieron cuando yo era pequeño, mi madre murió de parto y mi padre en un enfrentamiento a tiros con la guardia civil, ya que mi padre era de la gente de la sierra. Esto fue un núcleo anarquista que asaltaban cortijos de señoritos para poder sobrevivir. Vivían escondidos en Sierra Morena, que era muy montañosa. La guardia civil no se atrevía a ir a buscarlos y les esperaban cuando bajaban, por chivatazos de esquiroles, pero conseguían burlarles. Bajaban por la noche y nos traían comida a la familia, que éramos niños, pues vivíamos con una madrastra, en una casa en un monte abandonado. Una de las noches el núcleo anarquista sufrió una emboscada por un chivatazo de uno de ellos. Mi padre consiguió escapar pero le dieron un tiro en un ojo. Los demás fueron detenidos. Mi padre siguió escondido y no consiguieron detenerlo, pero murió al poco tiempo, pues no pudo curarse.

Mi padre era muy corpulento y no quiso entregarse a pesar de las heridas. Yo bajé con mis abuelos por parte de mi madre, y estuve con ellos hasta que fallecieron, cuando ya tenía 14 años. Mientras estuve con ellos trabajé en el campo y hacía cosas que hacían los hombres, coger aceitunas de los olivos, donde los hombres no podían llegar. Me subía a los olivos con un palo y las echaba a palos al suelo, donde las recogían las mujeres, que ganaban 12 pesetas diarias según lo listas que fueran para recoger tres sacas de fanega de 60 kg más o menos. También con 12 años estuve en un cortijo, donde estuve arando con caballlos. Esto parece mentira pero es cierto, y no era yo el único niño que hacía trabajos de adulto. Había muchos niños que hacían de todo en el campo, pues los padres no podían darles de comer y así los niños por lo menos tenían algo de comer en los cortijos, pues era la comida lo único que ganábamos. Yo llegué a recoger carbonilla de las máquinas del tren cuando llegaban a la estación y había calderas y las desparramaban en los raíles de la vía. También llegué a recoger espigas por detrás de los segadores, las que se les caían. Así pasaba de sol a sol los días enteros, y muchas veces no tenía casi ni comida. Me daban ellos algo, y trabajaba por 3 pesetas, aunque no lo hacía muy a menudo pues había veces que me dormía y no iba. Hice muchas cosas en el campo y en los cortijos, una de ellas era que sacaba las cabras a pasear. Mis abuelas tenían cabras y yo me iba con un cabrero de un cortijo que llevaba 80 o 100 cabras. Yo tenía que sacar la leche de las cabras por las mañanas pero cuando el cabrero se iba a descansar yo me hacía cargo de toda la manada y tenía que ordeñarlas. Me levantaba a las 5 de la mañana y sacaba 60 o 70 litros. Me dolían las manos de ordeñar.

Al morir mis abuelas, yo fui recogido por mi tío Antonio, también anarquista y preso de la guerra civil. Estaba en Sevilla en un campamento de Alcalá del Río, de las colonias penitenciarias militarizadas. Allí había presos de la guerra y presos comunes. También personal civil, pues hacían canales para regar los campos del Guadalquivir. En este campamento me hicieron mi primer contrato de trabajo, a los 14 años de edad. Yo trabajaba de ayudante para llevarles agua a los presos y también ayudaba al mecánico del taller. En un año cogí conocimientos de mecánica y llegué a trabajar con hormigoneras y hacía el hormigón para las acequias que llevarían el agua a los campos. Estaba de lunes a sábado en el campamento, para pasar el domingo en Dos Hermanas, donde mi tío tenía la familia. Mi tío llevaba un camión del ejército ruso, un 3HC, confiscado a la República. Las letras quieren decir "tres hermanos comunistas", unos camiones muy raros. También había camiones V8. Los jefes del campamento eran un brigada y un sargento, que eran primos. El jefe principal era un teniente coronel. Aquí había un preso común que era abogado y se preocupaba por mi, pues el fue el que me enseñó a leer y escribir un poco de un libro que se llamaba "la primera cartilla". Era un hombre muy culto y de familia de dinero. Mató a su mujer por pillarla con otro hombre. Cuando me daba clase y me veía el brigada, que era vasco, le llamaba la atención y le decía que si no tenía otra cosa que hacer, nada más que dar clase al niño, y el abogado me decía: si aprendes este libro sabrás más que ese brigada.

Había veces que yo tenía que descargar camiones de cemento hasta 300 sacos y se me pelaban los dedos, pues el cemento venía caliente.Yo dormía con los presos en un barracón de uralitas, donde en verano pasaba mucho calor y en invierno mucho frío, pues no tenía mantas y para no pasar frío me echaba una colchoneta de paja encima, pero seguía pasando frío. Comía mucho pan y manteca, pues esto era lo más barato. También comía pimientos y tomates que robaba en el campo y si había mucho aceite, también, pues no tenía dinero. Ganaba 18 pesetas a la semana. Cuando un preso se ponía enfermo de gravedad o por lo menos lo parecía, había que llevarlo al médico del pueblo que estaba a 3 km más o menos y si no había conductor, me decía el brigada: "niño, coge el camión y llévalo al médico". Esto de coger el camión me lo enseñó el abogado y mi tío. También estuve en el campamento principal, Las Marinales, junto a Sevilla y Dos Hermanas, estuve de ayudante en el taller, de aquí me mandaban al canal del bajo Guadalquivir, para mantenimiento de las máquinas, donde estaban los presos. Tengo una foto que sacó el periódico El País hace poco donde da explicaciones. Yo tiraba de un cabestrante para subir el hormigón al túnel. Aquí tenía yo unos 17 ó 18 años. Todo esto lo cuento para hacer ver dónde está el terrorismo del capitalismo y la humanidad que hay en ellos, seres humanos torturados desde que nacen, haciéndoles sufrir sin escrúpulos. ¿Dónde está el Dios que menciona que hace pasar hambre y desgracias a niños y niñas y familias enteras?

El capitalismo es la organización más asesina que existe junto con los curas y su entorno. El capitalismo es el culpable de todas las desgracias de la humanidad. Ellos se manifiestan con los enfermos de la religión, contra el aborto, mencionan que están por la vida, que nadie debe de quitar la vida a un ser viviente y que eso es un asesinato. Nosotros los anarquistas tampoco estamos por quitar la vida a ningún ser humano, pero sí estamos porque la humanidad no sufra como yo he sufrido desde niño y siguen sufriendo. Ya digo que el capitalismo es el culpable de las desgracias de la humanidad, el hambre y la humillación, las guerras, las muertes de seres indefensos, no las trae la naturaleza, que es lo más cierto de esta vida. Todo este infierno de tortura es obra de una minoría que tenemos que hacer desaparecer con la unión de los que hacen que el mundo sea... pero a pesar de crear todo lo bueno no disfrutamos de ello.

Yo puedo seguir contando muchísimas más cosas, y creo que debo hacerlo para dar ejemplo a los demás, pues a pesar de mi edad sigo luchando, que si queremos un mundo justo, no hay que dejar de luchar por ello a los tres días. Yo me siento feliz con ser así, y digo a los demás que no se rindan ante tanta injusticia. Es cierto que la lucha que llevamos se hace larga, y a veces desmoraliza, pues de esto se van los capitalistas. Saben que si tenemos una vida difícil nos cuesta más luchar contra ellos, pero debemos ser cada día más fuertes, las injusticias que caen sobre nosotros no deben servir sino para rebelarnos. Las 24 horas del día contra ellos. Está claro que ellos quieren que seamos muchos, para usarnos como braseros, y les da lo mismo nuestras necesidades: dicen derecho a la vida, pero no se lamentan cuando morimos por accidente en los tajos, eso no es asesinato, pues mueren por jornadas inagotables, no es justo que una minoría se enriquezca a costa de las desgracias de la mayoría, la justicia no es igual para todos, tenemos que hacerla realidad, por eso luchamos los anarquistas y damos nuestra vida, no es una utopía, se puede hacer un mundo sin explotadores y vivir como personas, para ello tenemos que ir todos a una como en Fuenteovejuna. Hay que pensar que tenemos que ser como el compañero Durruti, que dio su vida por un mundo mejor.

 

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